Muralismo y Grafiti: dos alternativas para manifestar el desencanto en la Usco

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“Cualquier forma de arte es una forma de poder; causa impacto, puede influir en los cambios: no sólo puede cambiarnos, sino que nos hace cambiar.”
Ossie Davis

Antes de desplegar en las siguientes líneas la temática de muralismo y grafiti en la Universidad Surcolombiana, es necesario efectuar un breve recorrido histórico y una descripción de lo que significa este movimiento artístico y esta modalidad de pintura libre.

En el último tercio del siglo XIX, un militar mexicano y a su vez militante liberal, el oaxaqueño José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, se alzó en el poder en tres ocasiones y gobernó durante cuatro lustros, lo que significó que estuvo aferrado al poder por un poco más de 30 años.  El primer mandato de Díaz  fue el más corto, pues, duró tan solo unos cuantos días (del 21 de noviembre al 6 de diciembre de 1876). El segundo periodo al frente de la presidencia abarcó desde el 17 de febrero de 1877 hasta el 30 de noviembre de 1880. Y, el último mandato como jefe de estado inició el 1 de diciembre de 1884 y culminó el 25 de mayo de 1911 (27 años después). A finales del siglo en mención, los jóvenes intelectuales con ideales de cambio que pertenecían a una asociación civil mexicana, El Ateneo de la Juventud, asumieron una posición escéptica y crítica frente al mecanicismo del positivismo Comtiano  y al modelo de desarrollo que promovía el entonces presidente del país azteca, Porfirio Díaz.

Retrato Porfirio Diaz
José de la Cruz Porfirio Díaz Mori.  Imagen tomada del portal Pinterest.es

A la par de lo anterior, erigía entre los miembros de El Ateneo, el deseo de participación en terrenos de la política que el gobernante de turno, el señor Díaz, obstruía. De acuerdo a lo manifestado por Esperanza Garrido -maestra de Historia del Arte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)- en su artículo de investigación titulado La pintura mural Mexicana, su filosofía e intención didáctica “Esta situación, aunada al precario equilibrio social que mantenía en situación difícil, pobre y desventajosa a obreros y campesinos, llevará al estallido de la Revolución Mexicana; al término de la cual finalmente se conseguirá el tercer tipo de independencia: la social, es decir la liberación del individuo y la creación de una sociedad más justa”.

Tras la culminación de este conflicto de índole social (la revolución) – que quedó enmarcado entre los principales acontecimientos de la historia Mexicana, que desencadenó una importante serie de cambios económicos, políticos y sociales, y, en el que venció la clase popular- gran parte del territorio nacional comenzó a presenciar las secuelas que originó la revolución. El militar, político y entonces presidente Álvaro Obregón, quien ejerció su mandato desde 1920 hasta 1924, asumió la difícil tarea de volcar todo esfuerzo en reedificar los territorios devastados.

En el marco de este proceso de restauración y organización, Álvaro Obregón llamó a José Vasconcelos, quién en ese momento se desempeñaba como rector de la UNAM y a quién le pidió liderar la Secretaría de Educación Pública. Al principio, Vasconcelos estructuró un programa educativo dirigido a la niñez y juventud de México. Desde sus primeros pinitos , este abogado, político y escritor oaxaqueño descubrió en la educación y la cultura, dos armas de transformación social, tanto así que, según él, a través de ellas los seres humanos tomarían conciencia de los problemas y motivarían a la acción. Además de lo anterior, a lo largo de su cargo en la Secretaría de educación pública, edificó escuelas, centros culturales, salas de conciertos y sin escatimar esfuerzos, desplegó todo el accionar en impulsar la pintura mural.

Con el ánimo de dar cumplimiento a ello, Vasconcelos solicitó a los ocho mejores pintores que tenía México en ese momento, entre los mejores estaban Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Roberto Montenegro, Ramón Alva de la Canal, Fermín Revueltas, Fernando Leal y Jean Charlot. Desde ese preciso instante, le encomendó a cada uno de ellos el trabajo de representar en las obras de arte la historia y los valores nacionales: Progreso, Ciencia, Tecnología y conocimiento, Pasado Prehispánico e Historia de México. Aunque en un principio los artistas elaboraron los murales en los edificios de carácter público que estaban bajo la responsabilidad de la Secretaría de educación, con el paso del tiempo pudieron trasladar su arte a los edificios que pertenecían al sector privado.

Despertar: Diego Rivera
   Imagen tomada del portal Emimendoza.com

A grandes rasgos, el muralismo es un movimiento pictórico que se originó en México a principios de la segunda década del siglo XX. Fue tanta la relevancia que cobró el mismo que se extendió vertiginosamente por varios países de Latinoamérica dentro de los que está Colombia, Venezuela, Perú, entre otros… Este movimiento de índole indigenista dio un golpe, pues, pasó de ser un asunto exclusivamente elitista a estar abierto o al alcance de los diversos actores de la sociedad. Las técnicas principales de esta expresión pictórica son el fresco y la encáustica. La primera, consiste en pintar sobre una capa húmeda de cal; mientras que la segunda, se caracteriza por la presencia de material aglutinante que no es otra cosa que cera caliente mezclada con pigmentos.

Grafiti es un término que se deriva de la palabra en italiano ‘graffito’ que significa “inscripción hecha rascando o rayando un muro”. Esta expresión de arte urbano consiste generalmente en plasmar sobre el lienzo, en este caso los inmuebles, cualquier tipo de ilustración abstracta o mensaje claro. La popularidad que ganó esta modalidad de pintura libre a partir de la década de los 70’s se debe en buena parte a la incorporación de la misma a la cultura de Hip Hop estadounidense. Gracias a que no hay un conjunto de reglas establecidas, el artista cuenta con la libertad de plasmar sobre el lienzo de concreto la temática que quiere, por supuesto que siempre apoyado en uno de los elementos representativos de esta expresión artística y cultural, el aerosol.

Una vez claros los conceptos de Muralismo y Grafiti, se puede abordar un análisis de estos dos tipos de expresiones artísticas al interior de la universidad Surcolombiana sede Neiva y el respaldo que reciben las mismas desde la administración.

Muralismo y Grafiti en la universidad Surcolombiana

En una universidad que pregona a los cuatro vientos y proclama en la misión institucional ser un centro educativo que “orienta y lidera la formación integral, humana y crítica de profesionales e investigadores, fundamentada en conocimientos disciplinares, de las profesiones, interdisciplinares y multiculturales, mediante procesos académicos, sociales y políticos transformadores, comprometidos prioritariamente con la construcción de una nación democrática, deliberativa, participativa y en paz, sustentada en el desarrollo humano, social, sostenible y sustentable en la región Surcolombiana”, resulta incoherente que desplace a al olvido apuestas artísticas como el grafiti y el muralismo, que más allá de ser meras representaciones gráficas, están dotadas de un carácter político y simbólico.

Rafael Andrés Muñoz, estudiante del programa de licenciatura en educación artística y cultural, elaboró junto a un par de compañeros del mismo programa un mural mixto que está acompañado por la técnica pictórica y la técnica escultórica. Durante el proceso de elaboración de ésta obra de arte, que tomó un poco más de un año y que está situada en inmediaciones de las Ágoras del alma mater, el apoyo que se supone debería brindar dicho programa y la administración de la Universidad Surcolombiana, no se vio reflejado por ninguna parte. “Obviamente nos permitieron el espacio, pero no logramos concretar o no quisieron ayudarnos en cuanto a lo económico. Los estudiantes no tenemos todavía entradas sólidas de recursos, entonces, precisamente El alma Mater potencia esos procesos de investigación y esos aportes a la cultura visual de la universidad y el municipio. Los potencia con unos incentivos económicos pero no se logró” sostiene el estudiante Rafael Muñoz.

Mauricio Arcila, muralista desde hace algunos años, afirma que “el apoyo a las diferentes expresiones artísticas lo damos nosotros mismos los estudiantes, desde la universidad no nos apoyan y si intentamos por ejemplo llevar una carta se demoran demasiado los tramites, se vuelve un poco engorroso… La administración apoya más otro tipo de artes como los musicales pero en el muralismo no existe un apoyo, no es que haya un concurso o haya un encuentro anual de muralismo, no se preocupan por eso”.

El Digital decidió encaminar sus pasos hacia la oficina de extensión cultural de la universidad para conocer si se está brindando o no apoyo por parte de la administración a las variopintas expresiones artísticas y culturales de los estudiantes, pero por falta de tiempo de Maria Cristina Repizo Salazar, coordinadora del área en mención, no se pudo obtener la información. Ante la negativa, nos desplazamos hasta la oficina de dirección administrativa de bienestar universitario, allí, tras varios minutos de espera nos recibió Ángel Miller Roa Cruz -Doctor en ocio, cultura y comunicación para el desarrollo humano- quién aseguró “los recursos son mínimos y uno lo que hace es estirarlos. Yo creería que en esa parte debemos mejorar, mejorar en el tema de poder suministrarles mejores insumos a los muchachos por el tema de esos murales. Sí, tenemos unos trajes de danza, unos instrumentos musicales pero creo que sería bueno ver como mejoramos esa inversión en esos insumos tanto artísticos, de materiales, para música, para los diseños en vestuario”.

En aras de conocer el tipo de ayuda que se gesta desde el programa de licenciatura en educación artística y cultural, nos dirigimos a la jefatura de dicho programa. Una vez allí, la señora Rocío Polania Farfán -profesional en licenciatura en artes visuales- nos atendió y ofreció algunas palabras sobre ello: “En cuanto a materiales e instrumentos nosotros no podemos facilitarle porque no tenemos los recursos con que comprar. Nosotros lo que si le facilitamos aquí es material didáctico para que ellos puedan trabajar pero es un material que prácticamente son dotaciones de los laboratorios y poco se dejan salir del edificio porque precisamente el número de instrumentos a nivel musical y el número de caballetes no es suficiente inclusive para los mismos estudiantes. Para los murales que hacen, ellos consiguen el material externo o a veces hacemos alguna gestión por fuera para poder conseguir algunas cosas y poder desarrollar algunas cosas al interior de la universidad”.

A continuación una breve producción audiovisual en la que los  tres estudiantes del programa de licenciatura en educación artística y cultural, el director administrativo de bienestar universitario y la Jefe del programa en mención nos brindan sus opiniones sobre por qué creen que cubrieron de gris los murales y grafitis de la plaza Jaime Garzón:

En torno a ello, Paula Alejandra Gómez Cachaya, también estudiante del programa de licenciatura en educación artística y cultural, le brindó a El digital su opinión respecto a este tema:

Ante un panorama adverso tanto para el Muralismo y el Grafiti en la universidad como para las demás expresiones del arte, los estudiantes se organizan entre ellos, resisten, pero sobre todo buscan a través de las disciplinas de tinte cultural mantener viva la llama de la conciencia crítica y  plasmar sobre el lienzo, en este caso  las paredes de esta selva de cemento, su descontento o desencanto frente a la forma de hacer política tradicional y demás problemáticas que merodean en territorio nacional.

 

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