Desde el frente Joselo Lozada

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“Los que nos levantamos en armas y pensamos diferente a lo que piense el gobierno somos perseguidos y si damos papaya, nos masacran”

Don Jair, 2019
 

En 1997 en Colombia, más específicamente en el norte del departamento del Huila, se encontraba Don Jair dividiendo su tiempo en dos grandes actividades, por un lado realizando las labores diarias en el ámbito rural, tales como la ganadería, la recolección de café, guadaña, entre otras y por el otro lado desarrollando su papel como el presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda el Palmiro (ubicación cambiada a petición del entrevistado), desde este cargo, es donde Don Jair comienza a verse involucrado con el Frente 66 de las FARC, también conocido como el Joselo Lozada, este frente solo operaba en la región huilense, y llevaba más de cinco años en el área de la vereda el Palmiro.

https://flic.kr/p/QZvnAZ

El frente impartía tanto miedo entre la población que tenían el poder para manejar la Alcaldía, la Junta de Acción Comunal de las veredas, y por ende a las personas pertenecientes a ellas, aprovechando esto, pedían a la comunidad que realizaran algunos mandados; transportar paquetes de un lugar a otro, llevar información a alguna persona, también pedían información sobre la economía del municipio, querían saber quiénes eran las personas que contaban con los medios (ingresos económicos) para poner una cuota que debían pagar y así poder financiar el movimiento. Conforme fue pasando el tiempo el Frente escogía que personas podrían servir para ser parte del Joselo Lozada y uno de los elegidos fue Don Jair, desde ese momento la vida le empezó a cambiar.

En el siguiente audio, Don Jair le cuenta a El digital que era lo que en ocasiones, llevaba dentro de los paquetes que el transportaba de un lado a otro.  

 

Duró un año haciéndoles mandados pero luego le salieron con el cuento de qué tenía que irse del pueblo porque el ejército ya tenía información de que trabajaba con ellos y le decían que los militares lo iban agarrar y que eso le daban entre 10 a 15 años de cárcel, lo asustaron y trataron de persuadirlo para que tomara la decisión de unirse completamente al Frente y como él no tenía conocimiento de ninguno de los procesos jurídicos, acepto para poder estar más seguro de que no iría a la cárcel.

Cuando Don Jair tenía 32 años en el 2001 lo enviaron a hacer el curso de Miliciano el cual realizo con un persona a la que le decían “Richard Patas”, el curso duró un año, y una vez terminado les dijeron que debían volver a las labores cotidianas de campesinos, que debían ser silencios y que nadie los notara, pero que cuando el Frente los necesitara, debían hacer lo que les pidieran; desde ese momento le dieron un 32 largo, un arma que era más que todo para guardar apariencias porque esa ya no se utilizaba y entonces empezaron a pedirles que cumplieran con diferentes tareas, como por ejemplo investigar  dónde estaba a cierta gente para ajusticiarla, pues la idea era hacerlo con las personas que delataban al Frente, violadores, viciosos, personas que robaban a la gente de escasos recursos; para ello lo único que les decían a los milicianos era “vayan, averigüen quién es este señor, miren bien dónde está y nos avisan”; pasaban los días y se escudaba por los rincones del pueblo que habían matado a tal persona y se quedaban asombrados, se echaban  la culpa de las muertes por haber dado la información que les pedían pero desde el inicio los engañaban, les decían que solo necesitaban hablar con esas personas y luego aparecían muertas.

Don Jair hacía lo que le pedían sin cometer ningún error, hacia cumplir y cumplía todo lo que le pedían. Dependiendo de esos logros de iba ascendiendo de rango. Los siguientes, eran los rangos que habían dentro del movimiento: 

Llegó hasta el rango de Comandante de guerrilla pero no era autónomo para mandar, era desde la dirección del comando que a él le daban las misiones, tenía tropas al mando pero de ahí no pasaba, cuando aún el frente se encontraba completo antes de las deserciones y bajas había un promedio de 150 guerrilleros, más o menos 37 eran mujeres y el resto hombres.

Las reuniones que se hacían en los municipios, tenían como objetivo el mantener el pueblo informado, pues desde lo que decían los medios de comunicación, hacían ver a los del Frente 66 como monstruos, como animales, como personas que no tenían sentimientos, que ellos a donde llegaran iban matando a todo el que veían, y eso es un sola perspectiva pero los medios no sabían en realidad lo que pasaban porque no se encontraban en los lugares donde el Joselo Lozada se detenía; Don Jair cuenta que se ajusticiaba a la persona cuando tenían razones, como ya se había mencionado antes por consumo de drogas, por ladrones, etc. Cuenta que algo que no salía en los medios era que el Estado también asesinaba y desaparecía personas cuando lo necesitaban pero con la única diferencia es que tienen la ley de su lado.Y la sociedad no es consciente de que sea guerrillero o sea militar todos tienen sentimientos, familia, amigos, hijos, y que si en algún combate matan un compañero, la mayoría llora, lo mismo que un soldado siente cuando le matan el “curso” y lo mismo que siente la mamá del soldado lo siente la mamá del guerrillero.

La mayoría de enfrentamientos se dieron  por encuentros entre militares y la guerrilla, por lo regular la guerrilla le ganaba al ejército, pues ellos terminaban con tres, cuatro o hasta cinco bajas y el Frente 66 con uno o dos heridos, a veces un muerto cuando se estrellaban de frente con los soldados, pero eso avisaba al resto y evitaba más muertes. Cuando estaban en operativos  los enfrentamientos eran cada hora o dos horas, era tan normal ya para ese entonces los disparos que a Don Jair no se le daba por nada, pues lo relacionaba con estar en un partido de fútbol, ya como que le gustaba eso de echar la bala, ver bajas de de parte y parte, cosas de las cuales él no se alegraba porque la mayoría son hijos de campesinos, pueden ser hasta familiares pero allá prima la ley del que primero le ande, el que primero dispare; están unos defendiendo los ideales del pueblo y los otros defendiendo a los ricos, cuando en realidad  la pelea es por defender al pobre para que no siga siendo más pobre, y los otros están luchándola para hacer a unos pocos cada vez más ricos.

A continuación, Don Jair nos cuenta la experiencia de un enfrentamiento que duro todo un día y nos da detalles sobre la toma de Santa María, Huila:

Para el año 2007, se enteró de que estaba esperando un hijo e inmediatamente empezó a pensar en cómo salirse del combate, pasaron algunos meses y el bebé ya había nacido, más afán le entró por irse; en una de esas lo  enviaron para Rio Negro, la oportunidad esperada, ese día eran sobre las siete de a anoche y pasó el avión fantasma, Don Jair se encontraba vestido de civil y el resto camuflados, todos al percatarse del avión se fueron y lo dejaron solo, en la cabeza de él abundaron los pensamientos sobre los problemas de columna, los dolores para cargar, ya los años se sentían, además lo más importante, una esposa e hijo que lo esperaban; todo paso de manera rápida, tomó la decisión y salió a Rio Negro, cogió un carro y se voló.

El 22 de noviembre del 2008 con 39 años, se presentó al Comando de la Policía en Palermo, ahí le hicieron las respectivas entrevistas más otros papeleos, lo enviaron a Neiva porque no sabían si era comandante, querían averiguar si tenía algún portuario, y lo trasladaron de una vez a Bogotá, en el aeropuerto lo recogió un sargento del ejército y lo llevó al edificio Tequendama, le hicieron el debido registro, tomaron todo, el iris, las huellas, lo reseñaron.  Desde que salió del Frente inició un proceso de reinserción, pasaron tres meses desde que se voló, tiempo durante el cual la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) brindó asistencia Y el Comité Operativo para la Dejación de las Armas (CODA) le entregó un certificado como persona desmovilizada el 15 de enero del 2009.

Consideraba que el Estado solo quería sacarle información del funcionamiento del movimiento y que luego lo desaparecerían, pero con el tiempo se dio cuenta que en proceso se le apoyaba pues tenía varios psicólogos empezaban a  ayudarlo coger el ritmo civil  poco a poco, a dejar las armas de lado y solucionar los problemas a través del diálogo. El proceso de reinserción fue un poco extenso pues duro nueve años desde el 2009 hasta el 2017 durante los cuales recibió ayuda desde la psicología, se graduó de bachillerato, en el 2013, realizó varios cursos en el Sena y oportunidades de trabajo pero solo en construcción.

Con sus palabras, le contó a El Digital lo que significó el proceso de reinserción, “Sirve porque uno aprende, uno cambia la manera de pensar, aprende a expresarse, a valorar la vida, cosas que son buenas para mí, estuve nueve años en el proceso, tengo varios técnicos en el Sena y terminé el bachillerato; yo vivo tranquilo, no tengo un trabajo estable y no he vuelto a recibir ayudas desde que termine de estudiar, no me volvieron a dar un peso, era para que lo ayudaran a uno a buscar un empleo pero nada, dejan que uno se rebusque como sea. A uno le dan el proyecto de vida pero eso no se lo dan en plata si no en implementos que necesite para trabajar, pero hasta que tenga trabajo, cada vez estoy más viejo, más peso para trabajar”.

Para él no ha sido tan difícil el conseguir trabajo, lo realmente duro es permanecer en un trabajo porque se debe continuar en el proceso de reinserción e ir una o dos veces en el mes al psicólogo, a talleres y entonces lo despiden por fallar tanto, pero si él da los motivos de la ausencia, también terminan echándolo porque se enteran que es un excombatiente de las Farc y temen porque pueda hacer algo que los perjudique de alguna manera.

Doña Leonor, su madre, se enteró que su hijo era parte de  la guerrilla por rumores de los vecinos, pues la finca donde vivían era retirada del pueblo y muy pocas veces Don Jair iba a visitarla, ella quería pensar que su hijo no estaba metido en esos temas y por eso evitaba dialogar con los vecinos sobre el tema, pues tenía la idea de que los vecinos los iban a apartar y tener cierto rencor; además porque aún no estaba segura de que él perteneciera al Frente 66.

Día a día Leonor vivía desesperada y rezaba para que no le quitaran la vida a su hijo, también muchas veces tuvo que huir de su vivienda con tan solo unas cuantas mudas de ropa y teniendo que dejar el resto de sus pertenencias, pues era dejar sus cosas o una muerte segura. Nohora le contó a El Digital como vivió algunas veces ese proceso:

Algunas veces es muy difícil que un excombatiente pueda llevar a cabo su proceso de reinserción de una buena manera, ya que la guerra ha dejado muchas heridas y las personas le niegan la oportunidad a los excombatientes de poder desarrollar su vida en la civilización ya sea urbana o rural. Para ello el Sociólogo Aldemar Macías Tamayo le contó a El Digital, algunos de los por qué es tan complicado para la sociedad aceptar la reinserción de excombatientes en los diferentes territorios:

 

Por lo anterior, debemos ser conscientes que tanto para la sociedad como para los excombatientes es complicado el adaptarse de nuevo a la vida civil y por el otro lado a sanar las heridas que dejó el conflicto armado. Como dijo el sociólogo Aldemar Macías nuestro reto es saber que vamos a hacer para aprender vivir con todos los sucesos y poder avanzar hacia la mejora del país.

*imagen destacada suministrada por de La Urbe

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