El ESMAD y sus armas de control de multitudes

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En el mes de octubre del 2018 las universidades públicas del país entraron en paro total indefinido en donde se generaron múltiples marchas de las cuales un gran número terminaron como un enfrentamiento contra el ESMAD. Este alto en las actividades académicas fue el resultado de varios factores, entre los cuales se encuentran el cambio de gobierno y el reconocimiento de una deuda histórica ante las universidades públicas por parte del estado de más de 18 billiones de pesos.

La Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior (UNEES) surge en el 2018 como fruto de diversos encuentros nacionales que se dieron en varias IES en todo el país como la Universidad de la Amazonia. Esta organización existe como una alternativa ante las otras organizaciones ya existentes como la Federación Colombiana de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (FENARES). Permitió la reactivación del movimiento estudiantil, el cual tiene como uno de sus puntos principales el de presupuesto para la educación, ya que diferentes universidades han tenido déficits alarmantes que ha forzado el cierre de varios programas. La Universidad Surcolombiana por su parte tiene un déficit de 12 mil millones para el inicio del 2019 y contaba con 4 mil millones para la culminación del 2018.

Además del presupuesto también buscaba la autonomía universitaria, repensar la tabla de matrículas, temas de género y otros puntos que se pueden encontrar en el pliego de exigencias del movimiento estudiantil colombiano. Se logró un acuerdo que muchos han denominado como histórico de más de 5 billones para la educación superior, el acuerdo es un precedente para el movimiento estudiantil ya que lo reactivó pues desde el 2011 con la Mesa Amplia Nacional de Estudiantes (MANE) no había mostrado mucha actividad.

Una de las ciudades en las cuales las marchas estudiantiles generaron un gran impacto fue en Popayán. Numerosos videos y fotografías surgieron en las redes sociales denunciando el uso desmedido de la fuerza por parte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD).

Camilo Samboni, estudiante de la Universidad del Cauca, compartió su experiencia en una de las marchas realizadas en el mes de noviembre.

La resolución 00448 de 2015 da los lineamientos del uso de la fuerza por parte del cuerpo policíaco y el reglamento para el empleo de elementos, dispositivos, municiones y armas no letales. Esta resolución establece puntos relevantes con el tema en cuestión como los principios para el uso legal de la fuerza (necesidad, legalidad, proporcionalidad, temporalidad y racionalidad), el uso diferenciado y progresivo de la fuerza el cual está ligado a los niveles de resistencia presenciados en el lugar de los hechos y la clasificación de las armas no letales, entre otros.

Estos puntos establecen un protocolo al cual el ESMAD debe atenerse, el artículo 12 habla sobre la fuerza preventiva que tiene como elementos centrales la presencia policial y la comunicación y disuasión, es decir que la presencia de las fuerzas públicas y las consecuencias por no cooperar con ellos deben hacerse claras ante todos los presentes antes de que estos recurran a acciones físicas y/o la utilización de armas. Sin embargo, estos artículos y resoluciones no son específicos en cuanto a lo que se considera una respuesta proporcional de uso de la fuerza en relación a la resistencia, dejando en las manos del funcionario la decisión sobre la ruta a tomar.

Un reporte de la American Civil Liberties Union (ACLU) del 2016 sobre los efectos en la salud de las armas de control de multitudes argumenta que el motivo por el cual las armas clasificadas como no letales tienden a ser usadas de una manera que viola los derechos humanas se debe a factores como el acelerado desarrollo de este tipo de armas, pruebas insuficientes antes de ser integradas al armamento acompañado de un escaso entrenamiento en su uso, vacíos en las regulaciones de las armas y falta de repercusiones estrictas para quienes las utilizan indebidamente.

El mismo reporte hace hincapié en el hecho que hay ciertos tipos de armamentos como las balas de punta hueca y gases lacrimógenos cuyo uso está prohibido en la guerra según la Convención de sobre las Armas Químicas, sin embargo son permitido para la “Aplicación de la ley, incluidos los fines de control de disturbios domésticos […] siempre y cuando los tipos y cantidades sean compatibles con dichos fines” pero como se mencionó anteriormente, las regulaciones no son especificas en las restricciones a la hora de usar estas armas en entornos de caos como lo son los disturbios. Otro factor problemático es la categorización de estas armas como “no letales” lo cual impide reconocer su potencial letalidad, si bien en teoría estas ofrecen una opción de ejercer la fuerza de manera reducida esta suposición de que por esto son menos letales hace que por lo general sean utilizadas de manera indiscriminada sin agotar primero las estrategias pacificas. Camilo Samboni describe los efectos de los gases lacrimogenos utilizados por el ESMAD.

La resolución 00448 de 2015 establece en el artículo 17 que el ESMAD cuenta con granadas con carga química clorobenzilideno malononitrilo (CS) y oleorosin capsicum (OC), estos componentes son comunes en este tipo de armas. El OC es un aceite que penetra la piel entrando a las membranas mucosas causando un sensación de ardor que puede durar entre 20 y 90 minutos, utilizada principalmente para la inmovilización de un sujeto y no para dispersar un grupo.

El CS es un componente tan potente que sin importar cuan mínima sea la concentración cualquiera que se encuentre a su alcance sentirá los efectos, por lo tanto el riesgo de afectar a las personas no involucradas en el disturbio es extremadamente alto. Al entrar en contacto con el sudor, membranas mucosas o los aceites naturales en la piel de una persona se disuelve convirtiéndose en un liquido ácido; la humedad de los ojos, boca y nariz son la razón que sean las áreas más afectadas.

Si bien los efectos dependen de la concentración de estos componentes, considerando que no hay regulaciones respecto a la debida cantidad a utilizar los resultados pueden ser letales. Se han registrado casos en los que las altas concentraciones han causado quemaduras corneales, abrasiones, laceraciones y ceguera como efecto en los ojos, en la piel se pueden presentar ampollas y quemaduras, los efectos combinados del incremento de la presión de la sangre, el ritmo cardíaco, la hipoxia (estado de deficiencia de oxígeno en el organismo) generada por la dificultad respiratoria pueden resultar en un ataque cardíaco sin mencionar que el riesgo es aun mayor para aquellos que sufren de condiciones cardíacas preexistentes.

En el tracto gastrointestinal, además del dolor genera salivación y vómito excesivo que en conjunto con la toxicidad de estos agentes pueden causar la ruptura de los vasos sanguíneos. Finalmente, aunque no hay datos suficientes para establecer una relación concreta entre la exposición al gas y abortos espontáneos o malformaciones fetales, se han encontrado reportes que sugieren que hay efectos adversos en los fetos.

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