Fotografías para ilustrar las palabras del conflicto

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Por: Angie Yamile Lozada Montaña

Más de medio siglo de conflicto armado colombiano focalizado en los actores: grupos al margen de la ley, fuerzas armadas y la gobernabilidad de sus representantes ha dejado como saldo 8.760.290 víctimas. En particular, el conflicto afectó profundamente a toda la sociedad, penetró todas las fibras de las estructuras políticas, económicas y sobre todo sociales del país, desencadenando historias y sucesos inimaginables. En torno a esto, las fotografías se han constituido como una forma testimonial que construye memorias para ver y comprender la violencia en los diferentes territorios.

Esta construcción de memoria ha sido una forma de darle sentido al pasado colombiano desde diferentes perspectivas, un vehículo de recuerdos donde se narran percepciones, emociones y sentimientos de los conflictos que pretenden no ser olvidados.

Victimas de grandes masacres como la de Bojayá (2002) y la del Salado (2000) han encontrado en el relato gráfico una forma de sanar heridas, expresar sentimientos y prevenir escenarios de violencia, una iniciativa apoyada por los fotógrafos de guerra que a través de sus imágenes y exposiciones han tratado de graficar el pueblo colombiano con el objetivo de contar una verdad sobre la guerra para poder superarla, como el caso de Jesús Abad Colorado y su exposición “La Guerra sin Límites” del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Fotografía para ilustrar las palabras del conflicto

Sumado a esto, se han presentado proyectos donde se pretende socializar la capacidad de la fotografía documental, como Violentología,  un manual quedocumenta el conflicto armado en Colombia presentado por el fotógrafo estadounidense Stephen Ferry, y el proyecto Ojo Rojo y el proyecto Víctimas de la Revista Semana.

Además del relato fotográfico y en aras de aprovechar las ventajas tecnológicas que ofrece el internet, algunos de estos proyectos son de esencia multimedial y multiplataforma como en el caso especial de Colombia 2020, un producto que el director de El Espectador, Fidel Cano, se animó a describir.

La fotografía propone una reconstrucción de los imaginarios sociales a través de su divulgación y evidencia una herramienta que facilita el reconocimiento de vivencias, costumbres y hechos que se convierten en relatos fieles a la realidad y tangibles para aquellos que no lo han vivido en carne propia.

Cómo es este proceso desde el punto de vista de los fotógrafos

Al igual que cualquier ejercicio periodístico, la fotografía requiere una preparación inicial, temas de composición, planos, iluminación, leyes y espacio hacen parte de este ejercicio que tiene como fin documentar la realidad. Sin embargo, esta labor va más allá de lo técnico. Los fotógrafos tienen la misión de ser fiel a los hechos, respetar al máximo la veracidad de la realidad que en ocasiones no se puede contar con las palabras.

Todo aquello que pasa por su lente se convierte en una memoria del contexto social, una forma de narrar a través de imágenes con la que se pretende documentar historias, relatos y escenarios que permitan la no repetición del conflicto armado, lo que conlleva a plantearnos la pregunta ¿Cómo se construye memoria desde el lente de los fotógrafos?

Stephen Ferry y Joao Pina, nos cuentan sobre la labor de los fotógrafos de guerra en temas de conflictos y búsqueda de dar un sentido a las diferentes verdades desde la fotografía.

Partiendo de la imagen como instrumento que profundiza en relatos y recuerdos de las personas que han sufrido los alcances del conflicto, Natalia Botero, directora de la exposición Des Apariciones, perteneciente a aquellos fotógrafos que transportan a sus espectadores por un país herido con sus fotografías, nos responde algunas preguntas.

 El  Digital: Por qué cree que es importante narrar y construir memoria del conflicto armado colombiano

Natalia: Primero, porque si no construimos memoria no vamos a entender la historia y no vamos a poder dejar un documento que se valide en el tiempo para generaciones futuras. Por eso la memoria es vital para poder construir o de construir un país, en el sentido en que recogemos información y llenamos muchos espacios vacíos desde la fotografía para poder entender los hechos, conocer los protagonistas, dónde ocurrieron las cosas, quienes fueron los causantes del dolor o de las tragedias; eso nos va a ayudar a tener un panorama general y a poder reflexionar para poder proponer, accionar y entender el país que vivimos. la memoria es clave, no solo desde el conflicto, sino también porque ayuda a recuperar tradiciones, procesos de identidad, preserva culturas y, ayuda a reconstruir comunidades devolviéndoles la confianza a sus pobladores; la memoria es vital para poder hacer un proceso de tejido social donde ha estado presente el conflicto.

El Digita: ¿Cómo han actuado los fotoperiodistas para construir esa memoria a través del lente?

Natalia: Yo creo que más que del lente mismo para fotografiar la vida que pasa frente a nosotros, es la reflexión que se hace posterior a lo fotografiado. Esto, es lo que ayuda a hacer un relato crítico y un llamado de atención a la comunidad para poner un punto de vista desde el ejercicio político desde fotógrafos e ir en contra de la guerra. Entonces, el lente es el instrumento, pero, la mirada de uno es la que ha sido determinante a la hora de narrar.

El Digital: A propósito de una fotografía de desplazamiento forzado, ¿cómo maneja el acontecimiento de captar una fotografía que puede ser tan dolorosa?

Natalia: En mi esta interiorizado que mi deber es fotografiar antes que cualquier otra cosa, porque el dejar evidencia de cómo sucedieron las cosas va ayudar a que yo entienda y el otro entienda lo que actualmente sucede. Mi prioridad es capturar y luego, repensar en el sentido de esta. Sin embargo, si se debe tener cuidado de dónde mostrarlas, cómo mostrarlas o qué mostrar, pero, ante todo soy fotógrafa.

El Digital: ¿Cómo se construye una verdad desde las diferentes realidades que pueden producir una fotografía?

Natalia: La verdad de un fotografía parte de la ética del fotógrafo al hacerla, porque solo uno es el que está en el lugar donde suceden las cosas, es decir, ese es el punto de vista de uno con el cual está determinando la forma del que otro mire y, en la parte periodística o documental  esa mirada tiene que ser clara, directa, responsable y sobre todo ética; por otro lado, el fotógrafo tiene que tener una estética de esa mirada para no generar repudios sino aliados, tener de su parte a gente que quiera ver esa fotografía no por que ver el dolor del otro sea placentero, sino, porque ahí hay algo del cual tenemos que reflexionar.

El Digital: ¿Cuál es el reto para el pos acuerdo? 

Natalia: Es un reto inmenso, primero porque el ejercicio del hacer es de mucho cuidado. Se debe tener en cuenta cómo va a contar, a quienes va a narrar y que historias relatar, es decir, se debe tener cuidado de cómo moverse en el ambiente. Creo que uno de los retos principales es no caer en lo caricaturesco que pueden ser los reinsertados, los reincidentes, la guerra misma y las propias víctimas; más ahora que trabajar es confuso que hace unos 8 o 5 años, donde se tenía cierta claridad de saber de dónde provenían las balas. Hoy, es más difícil identificar eso, es más complejo y toca tener más cuidado, narrar al pos acuerdo, a las víctimas y a las comunidades.

En definitiva, la fotografía se ha mostrado como una representación y documentación incursionada por el fotógrafo, el cual, debe ser fiel a la verdad retratada: a la realidad. Este, en su contexto de conflicto armado, ha cumplido con su papel de plasmar, conservar y revivir los hechos de enfrentamiento bélicos. En algunos casos, la fotografía ha sido el elemento referente  donde los sobrevivientes del conflicto han podido hacer catarsis para lograr sanar las heridas a través de la memoria plasmadas en un papel glossy, como el caso de las madres de Soacha quienes llevan las fotografías de sus seres queridos asesinados en estado de indefensión en todas las manifestaciones públicas donde se citan.  Podríamos considerar que el papel de hacer memoria realizado por los fotógrafos responde a las limitaciones ópticas de algunos colombianos.

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