Hay vida después de la guerra

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El 26 de septiembre del 2016 se llevó a cabo el acto protocolario  -de la firma del Acuerdo Final de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC – EP- en el Patio de las Banderas del Centro de Convenciones Julio Cesar Turbay en la ciudad de Bogotá. Las historias que se contaron, y faltan por contar, sobre el conflicto y sus actores son demasiadas: se han vivido más de cincuenta años de guerra, se acariciaron páginas llenas de sucesos que marcaron el país con tintes de injusticia y desigualdad, y se generó un discurso lleno de esperanza en torno a la no repetición.

Pero, ¿hay otras historias para contar además de las tragedias que dejó la guerra entre el Estado colombiano y las FARC? La respuesta es sí, hay una vida después de la guerra: la vida de los sobrevivientes, la de la gente del común,  la de los ex combatientes, artistas y víctimas de este baile rojo. Una vida donde el arte sintetiza nuestro presente y genera mejores procesos que dinamizan la reconciliación y reintegración a la vida civil y a la vida cotidiana de los vulnerados en el conflicto como Jesús Diomedes.

Jesús Diomedes Flores, oriundo de Norte de Santander, perteneció a las FARC como combatiente y hoy después del Proceso de Paz, es militante político del nuevo partido de las FARC. Cuando salió de la cárcel, hace año y medio, a través del proceso de reintegración fue ubicado en unas de las Zonas Veredales de Transición del Guaviare, en las Colinas. Una vez en la zona veredal pudo culminar sus estudios de bachiller y obtener un título como técnico en producción agropecuaria.

Este guerrero y artista, se dedica actualmente al arte plástico y gracias al Acuerdo de Paz– y sobre todo al punto 3 (de 5) en donde se habla sobre el fin del conflicto-; Jesús ha logrado salir beneficiado con la obtención de su libertad y ha podido regresar con su compañera de vida; ha conquistado librarse de las zonas del conflicto y estar en un sitio donde lo han acogido bastante bien. Además, dado el talento que tiene, personas de afuera lo visitan para conocer sus cuadros e incluso comprárselos.

Le interesa el arte plástico porque además de ser su medio de sustento, no tiene que salir de casa, y puede quedarse en casa acompañando a su esposa, y le permite acercarse más a las comunidades gracias a los talleres y murales que realiza.

Lienzos de Esperanza
Lienzos de Esperanza. Conozca cómo las manos de Jesús Diomedez que disparaban balas hoy emanan vida y reconciliación.

Mauricio Arcila, artista del Departamento del Huila, a través de un recorrido que hizo por la Macarena y el Guaviare, visitó las Zonas Veredales de la región con fondos propios, y allí empezó a dictar talleres de pintura y danza. Durante su recorrido llegó a las Colinas, en donde conoció a Diomedes e interactuaron, dialogaron y de manera simbólica realizaron un mural sobre un indígena. De esta manera aprovecharon el instante para trabajar con la gente de la zona enseñando técnicas de muralismo.

El tiempo en el que estuvo en la cárcel fue difícil, pasar del encierro libertario de la selva, al encierro en cuatro paredes de concreto no es algo que cualquier persona puede asimilar. El arte, para él y para las personas con las que compartió cautiverio fue su medio de escape para poder soportar las circunstancias en las que estaban. Gracias a este tiempo de escape con el arte fue que pudo pulir sus cualidades y afinidades con el óleo y el lienzo.

Hoy en día tanto integrantes de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), como extranjeros y personas que conocen de la vida de Diomedes le visitan destacando su trabajo; esta atención le permite tener apoyo tanto en lo económico, como en lo moral, de que todo lo que ha pasado durante el proceso no ha sido bueno y el Estado no ha dado las suficientes garantías, hay gente que cree en el proceso y en su gente.

El arte ha logrado que Diomedes volviese a la vida, que la personas se le acercasen y de una u otra manera le ha permitido entender que no solamente se puede ser bueno con las armas, que también se puede ser bueno con el alma, con un buen gesto o una caricia, como las que plasma con el pincel en sus cuadros; para así poder aportarle a la sociedad y sobre todo poder mantener un trabajo estable.

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