La perpetua memoria

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La guerra siempre lo ha perseguido, desde el bipartidismo hasta los grupos insurgentes. Es así como Luis María Arciniegas ha tenido que aprender a soltar a la fuerza lo más vital para él: su familia y sus tierras.

Esta es mi tierra
Colombia empezó a padecer de otra guerra cuando el bipartidismo llegó a sus tierras en el tercer decenio del siglo XIX, ocasionando la catastrófica división de sus habitantes en dos bandos: los de la izquierda y los de derecha. En esta época bipartidista se denominaron como liberales y conservadores, quienes crearon sus propias fuerzas: La guerrilla liberal, por parte de los liberales y los Chulavitas o Pájaros, del bando conservador. Cuando llegaba un partido político a conquistar un pueblo, los opositores a este eran brutalmente asesinados o desplazados fuera de la región sin misericordia alguna.
Luis María Arciniegas Cruz o Lucho, como prefieren llamarle sus allegados, es hijo de Críspulo Arciniegas y María de los Ángeles Cruz, nacido el 13 de marzo de 1924 en El Líbano – Tolima. Es el menor de cuatro hermanos. Su padre tenía fincas cafeteras para el sustento de la familia, pero por desgracia falleció cuando Lucho tenía tan solo dos años de edad, a causa de una novilla indomable que lo envistió, ocasionándole irreparables daños en sus órganos internos, Fue llevado al centro de salud del pueblo, pues no fue una muerte inmediata; sin embargo, los médicos no pudieron hacer mucho por él.
Mientras Críspulo se encontraba en su lecho de muerte, familiares aseguran que un supuesto cura le hizo firmar las escrituras de sus propiedades con la excusa de salvar su alma. Su esposa, María de los Ángeles, se enteró de aquel engaño y sin dudarlo dos veces activó su instinto de protección, tanto de su hogar como de sus hijos, y encerró toda la finca con alambre de púas; se le enfrentó al cura cuando este fue en busca de lo que, según él, le correspondía. Lamentablemente fue desalojada a la fuerza con sus cuatro hijos y todo su esfuerzo fue en vano.

Fue así como María de los Ángeles quedó con toda la responsabilidad de un hogar, pues no poseía nada más que sus hijos. Sin rumbo fijo, con un enorme agujero en el alma y sin nada que comer, se fueron para el municipio de Villarrica ubicado en la región oriental del Tolima. Allí compraron otra casa sin saber que estaba hipotecada y lastimosamente se las quitaron. Lucho sufrió mucho durante su juventud y sentía el peso de las cruces de su madre, quien murió por un derrame cerebral en septiembre de 1958. De este municipio no quedó sino el recuerdo después de haber sido incinerado, convirtiéndose en una víctima más del binomio liberal – conservador.
Existe un poeta y escritor oriundo de Villarrica cuyo nombre es Edison Peralta González. Su más reciente creación, publicada en junio del 2018, es una investigación de carácter histórico sobre su pueblo, titulada Torturas, lágrimas y sangre, las guerras campesinas de Villarrica en este se relata parte de lo que don lucho cuenta desde su memoria y reafirma su versión del infierno que campesinos y lugareños vivieron en aquel pueblo en donde defendían sus pertenencias ante los actores y precursores de esa guerra partidista que no tenía más justificación para ellos que la diferencia de color, simples “campesinos trabajadores y muy Honrados” como aquella letra popular de la música campesina.

 

La dualidad entre el odio y el amor

“A ese no me gusta nombrarlo, ni siquiera invocarlo con el pensamiento”. Luis se refiere a Laureano Gómez, ex presidente de Colombia en el período de 1950 a 1951 y gran admirador del nazismo y el franquismo. Bajo su mandato, se creó una policía política apodados como “Chulavitas”, quienes se dedicaban a perseguir liberales, a los dirigentes populares, a los dirigentes o militantes de izquierda y a los militantes comunistas. Luis no puede borrar de su mente las torturas y atropellos que estos realizaban contra los liberales:

Al sur, al sur, al sur, en la tierra bonita del Huila conoció al amor de su vida, Saturia Lara pero prefiere llamarle Sarita, Pi o Tica. Junto a ella, formó el hogar que siempre quiso tener con mucha estabilidad y felicidad. Les fue bien pues Luis siempre ha sido muy emprendedor y desde muy joven empezó trabajando como agente viajero, llevando muestras de mercancías por muchas ciudades. A la edad de 34 años se dedicó a la venta de seguros con una compañía americana llamada American International Underwriter, la cual llegó a Colombia en los años 50 bajo el nombre de American Home.

Lucho nació con un gran corazón y se formó con excelentes valores. Siempre se ha preocupado por las otras personas y su bienestar, por ello se dedicó a este oficio, recordando perpetuamente su juventud. “Con los seguros se protegían las tantas posibles calamidades de los comercios porque se quemaban los negocios y la gente quedaba en la calle por no asegurarlos. También vendía seguros de vida para proteger las familias porque al morir el padre, la viuda quedaba sin casa, sin hogar y los niños sin educación, entonces era algo muy importante para las vidas de estas personas.”
En un rincón de su amplia y recorrida memoria, mantiene latente un suceso que evidenció en Villarrica cuando tenía 40 años; se encontraba allá vendiendo seguros con un compañero. “Hubo un crimen de un liberal con un conservador, ambos murieron porque se dieron bala el uno con el otro en la plaza. La madre de uno de ellos fue a la puerta de la policía y arrodillada les pedía piedad para que no lo terminaran de matar. El hombre estaba malherido pero aún no había muerto” Luis cuenta qué pasó después de este suceso y al igual que muchos habitantes del pueblo, le tocó huir por unos montes e irse para Girardot para poder salvar su vida junto con su compañero:

Una vez que viajaba para una ciudad, cuyo nombre no recuerda, los policías Chulavitas hicieron bajar a todos los pasajeros del bus y de manera inspectora les pedían la cédula uno por uno. En ese entonces, la cédula era un papel doblado y no plastificado como la conocemos en la actualidad. Don Luis, como había viajado a los Estados Unidos de América en los 60’s por ser el campeón nacional en ventas de seguros, tenía un tipo de documento diferente y se hizo pasar por extranjero. No se le dificultó pues se defendía con el inglés y es de tez blanca como la nieve.

“Uno no tenía seguridad de la vida ni con los propios policías, imagínese eso. En cualquier momento lo podían desaparecer.” Afirma que echaban hasta por volquetadas gente a los abismos y al puente natural de Icononzo, sobre el río Sumapaz.

Condenado a perderlo todo

Luego de varios años, estando más estable que nunca junto a su esposa e hijos en el Huila, lo volvió a perder todo: las fincas, el ganado, el cultivo, los platanales y cafetales cuyos productos solían vender a las cooperativas de Neiva y a la Federación de Cafeteros. Todo desapareció, todo se esfumó como el humo de un tabaco y aquel mal sabor quedó como un cáncer en su retentiva. Se estaba repitiendo aquella historia que siempre quiso dejar en la amnesia.
Tuvieron que cambiar casas por otras y desplazarse a la ciudad de Neiva, pues vivían en zonas aledañas a la urbe. En el patio de su casa acomodó todo para poder secar el café. Don Luis señala: “Nos tocó abandonar muchas cosas por la violencia”. También recuerda el día en el que casi lo venden a las Farc antes de sufrir esta crisis financiera: “Fuimos con Sarita y un conocido a ver unas tierras al sur del Huila pero el vendedor nunca llegó. Yo tenía una corazonada y preferí irme. Fue después cuando me enteré que era una trampa para venderme a las Farc, pues en ese tiempo teníamos buenas tierras e ingresos.”

Bipartidismo
Por esas épocas era muy común el secuestro y extorsión a personas que poseían grandes extensiones de tierras y que producían una buena cantidad de mercancía. Las Farc incursionaron en la extorsión para los años 90’s, después de haber iniciado el cobro de la famosa “vacuna” a los narcotraficantes del sur del país. La Zona de Despeje, destinada por el ex presidente Andrés Pastrana para los diálogos de paz en 1998, fue la madriguera perfecta para realizar actividades ilícitas contra los habitantes de la región. Aunque son datos relativamente recientes, Don Luis dice que estas costumbres por parte de este grupo son muy antiguas, casi desde su conformación oficial en 1964.
Luis dice que Colombia nunca ha sentido la paz. “Siempre nos han saqueado, desde los españoles, hasta nuestros propios paisanos. “El bipartidismo fue el inicio del fin de nuestro país.” 

Aunque era liberal, nunca le gustó esa pugna que porque a uno le gustaba el trapo rojo y al otro el trapo azul, como decía Alfonso López Michelsen. Afirma que esos colores han molestado mucho. “Yo soy liberal entonces de la violencia tan tremenda uno se tenía que esconder o quedarse callado porque o sino lo podían fregar.”

“Yo tengo fe y esperanza en que todo cambiará; sueño con una Colombia sin colores divididos” – Lucho. Foto por: Melissa Arciniegas.

“Yo tengo fe y esperanza en que todo cambiará; sueño con una Colombia sin colores divididos” – Lucho. Foto por: Melissa Arciniegas.

Hasta el sol de hoy

Quedó invidente hace más de tres décadas debido al estrés que acumuló a lo largo de sus años. Se le rompió el nervio óptico como consecuencia de la hipertensión y ni la cirugía, ni las gafas pudieron salvarle la vista. Sus hijos dicen que las tristezas y recuerdos le provocaron ésta pérdida. Sin embargo, no fue impedimento para seguir su pasión: la música. Aprendió a tocar el tiple y la guitarra, además de poseer un colosal vozarrón, un excelente oído y una memoria incólume. Recuerda hasta la primera institución a la que asistió después de la muerte de su padre y antes de irse del Líbano; esta se llama Institución Educativa Isidro Parra.

Les consagró la vida a seis hijos, pero uno de los dos varones que tuvo, falleció hace cuatro años a causa de una silenciosa depresión que lo llevó al suicidio. Tiene catorce nietos, seis bisnietos y probablemente la cuenta seguirá aumentando. Actualmente tiene noventa y cuatro años y vive junto a su esposa en una tranquila residencia en la ciudad de Neiva. No le gusta hablar de política por obvias razones pero igualmente ejerce su derecho al voto con ayuda de otra persona. A pesar de todo, no pierde las esperanzas en que la paz se logre plenamente y tiene su fe intacta en que la humanidad deje las diferencias pues al fin y al cabo, como dicen coloquialmente: Todos vamos para el mismo lado. La vida es solo una y qué mejor que vivirla en paz y armonía:

“La confianza ha de darnos la paz. No basta la buena fe, es preciso mostrarla, porque los hombres siempre ven y pocas veces piensan.” – Simón Bolívar.

 

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