Las heridas profundas que deja la guerra

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“Para hacer terrorismo no se necesita de una cuadrilla o de una columna, con una sola persona basta, pero los impactos y los daños siempre serán dolorosos” – Esteban Andrade

Es de valientes querer pertenecer a un grupo en el cual la vida se vuelve más vulnerable de lo normal; en un pestañeo pueden pasar muchas cosas e incluso el aleteo de una mariposa puede provocar un caos. Y si vamos a hablar de personas aún más valientes, son los padres y familiares de estos hombres que dan su vida por defender a su gente, independientemente del bando.

Militares; unos se van por voluntad propia a pagar servicio, otros por hacer la carrera militar. Aunque actualmente están prohibidas las llamadas batidas para el reclutamiento militar involuntario , en épocas anteriores los jóvenes mayores de edad que no poseían la libreta militar, es decir, estaban como remisos, o no estaban estudiando, temían andar por las calles. Independientemente si se unen por convicción o por obligación, el final de cualquier militar puede ser amargo.
-¿Es difícil mirar un calendario del 84? – pregunta Esteban, pues no recordaba con exactitud la fecha de la tragedia, solo perpetuaba que había sucedido días antes a su cumpleaños. Mirando el calendario, dimos con la fecha. Fue un viernes 20 de abril de 1984, se encontraba en la ciudad de Bucaramanga, en el casino de oficiales de la Quinta Brigada, para ser más exactos. A eso de las 7:30 de la noche, el entonces teniente Esteban Andrade, junto con otros oficiales del ejército, se encontraban en un espacio de ocio y descanso. Andrade estaba hablando con un teniente de apellido Flórez:

“Yo me salvé por cuestión de segundos” afirma Andrade, pues Flórez era un poco más bajo que él y el impacto solo alcanzó a rozarle el cuero cabelludo, lo que significa que si Esteban se hubiese quedado en el lugar que Flórez tomó segundos antes de la explosión, no sería él quien estuviera contando la historia. Aunque la herida fue algo superficial (a comparación de los daños que se pudieron provocar), se alarmaron al ver la gran cantidad de sangre que salía de su cabeza e inmediatamente lo trasladaron para el dispensario. Sin tiempo que perder, salieron en las patrullas a investigar lo que había sucedido e ir verificando el sector. Todos los ventanales del casino se habían hecho trizas y en el suelo yacían los restos de lo que antes fueron tornillos, tachuelas, grapa, ANFO, puntillas, plátano, yuca y demás objetos que componían la metralla explosiva.

Antes del hecho, 15 o 20 segundos más o menos, curiosamente y casi que por arte de magia, se fue la luz en el sector. A Esteban se le escapa el nombre del barrio donde se encontraba el Cantón Militar Batalla de Palonegro pero en su memoria recuerda que quedaba cerca del estadio de futbol bumangués Alfonso López.

En este punto de la historia usted se estará preguntando qué fue lo que pasó, y si no es así, de igual manera se lo contaremos. Se trató de un atentado fallido; era una zorra-bomba que iba halada de una moto en la que se movilizaban dos hombres. El explosivo denominado como metralla, iba camuflado entre frutas y tubérculos; llevaban de 10 a 15 kilogramos de ANFOel cual es un explosivo de alta potencia que consiste en una mezcla de nitrato de amonio y un combustible derivado del petróleo. 

Había una calle ubicada frente al casino, la cual era inclinada, y de allí provenían quejidos y gemidos de dolor.

El hombre que no murió instantáneamente pudo haber sido una pieza clave para la investigación del acontecimiento, pero más allá de eso, fue una vida más que cobró la parca de la guerra. La inteligencia hecha por los militares después de la explosión, completó el rompecabezas y conectaron muchos hechos que tenían concordancia para llegar a la conclusión de que fue un atentando con mucha premeditación. Los subversivos habían estudiado la zona pero no previeron que ese mismo día en horas de la tarde, un tubo de agua se había roto en la calle del frente, por lo que llamaron a las empresas públicas de Bucaramanga para que fueran a arreglar el daño. Para ello, tuvieron que abrir una zanja en el pavimento, lograr llegar al tubo descompuesto y volver a tapar; este último paso fue la manzana de la discordia.

“No se perdieron vidas nuestras esta vez, pero si se perdieron las de ellos que también son seres humanos” expresa Esteban con tristeza y añade: “Esto dejó trauma a todos, tanto a nosotros como a los habitantes del sector que quedaron psicosiados por mucho tiempo”.

Estos dos hombres que hacían parte del grupo subversivo PLA (Pedro León Arboleda, disidencia del EPL), estaban en la flor de la juventud. “Eran menores de 30 años pero solo se pudo reconocer el que quedó herido; medía 1.68 de estatura, tenía aproximadamente 28 años de edad, tez trigueña, acuerpado ‘cuajadito’ y era del área del Magdalena Medio de Cimitarra Santander, una zona que siempre se ha caracterizado por la actividad subversiva” afirma el señor Esteban y añade: “En ese entonces, Santander era un ramillete de grupos subversivos de todas las ideologías: rusas, chinas, marxistas, cubanas y estaban las FARC, el M19, EPL, ELN y el PLA, además de una cuadrilla que se llamaba La Falange y las AUC”. El PLA fue reconocido por una purga en la que mató más de 80 subversivos aduciendo que estaban infiltrados en sus filas.

Este hecho (el atentado) ocurrió bajó la presidencia de Belisario Betancour, quien creó una Comisión de Paz el 19 de septiembre de 1982, un mes después de su posesión. Días después a aquel hecho traumático en Bucaramanga, el 30 de abril del 84, el Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla es brutalmente asesinado por la mafia del Cartel de Medellín; suceso que desencadenó una guerra con la que, hasta el sol de hoy, Colombia lidia y cuyo fin aún no se vislumbra.

Este oficio militar es admirado por muchos y repudiado por otros debido a la corrupción que maneja internamente y por otros escándalos como los falsos positivos. Sin embargo, hay retirados como Esteban que se sienten orgullosos de haber podido dar todo de sí en su labor y haber sido lo más transparente posible. Ha habido muchas anécdotas más en la vida de este ex ‘héroe de la patria’ quien empezó su carrera militar en 1977 y terminó en 1989 con el rango de Capitán. Unas de ellas fueron cuando recibió un impacto de bala en su tobillo izquierdo o cuando se cayó de un helicóptero y se desencajó la mandíbula. Participó en el rescate del avión de Aeropesca que impactó en el cerro Uatiqui en 1981 con 50 personas a bordo, de las cuales solo encontraron 48 cadáveres. También hizo parte de una operación de rescate de un piloto que estaba bajo la custodia del ELN en un lugar de Santander llamado La Esperanza que limita con el departamento del Cesar. “Esas son las satisfacciones que le da la vida” dice el señor Esteban.

Este último hecho mencionado, se ve nuevamente reflejado en nuestro contexto actual pues el pasado 11 de enero, un helicóptero de transporte de valores de la empresa Aerocharter con 1.700 millones de pesos a bordo fue derribado por el ELN. Los tres hombres de la tripulación se mantuvieron cautivos hasta el 3 de febrero cuando fueron liberados y posteriormente entregados a una comisión de la Defensoría del Pueblo y la Iglesia Católica.

¿Por qué el señor Esteban no siguió con su carrera militar y llegar hasta el más alto rango como él lo soñaba? Las razones de su retiro son un enigma pues no quiso enfatizar mucho en ello; solo dice que la corrupción se está comiendo vivo al país y es un cáncer difícil de combatir al igual que el narcotráfico.

Esteban en la península del Sinaí junto a hombres pertenecientes a la Fuerza Multinacional de Paz

El atentado de la Escuela de Policía General Santander ocurrido el 17 de enero del 2019, fue un Déjà vu de lo ocurrido en el 84, pues el terrorismo no tiene un punto final y no distingue entre épocas. Hoy día,  semanas  después, ya no se comenta nada del hecho; así que no se puede esperar mucho en que las personas recuerden un atentado de hace 35 años, que por cierto es muy difícil de hallar (por no decir imposible) en la web. La experiencia de Esteban ocurrió en el marco del conflicto armado donde los atentados, las actividades ilícitas, los secuestros y los grupos subversivos abundaban con mayor ímpetu, por lo tanto Esteban lo relata con su perspectiva de aquel entonces y con el objetivo claro de defender a su patria. Habiendo vivido la guerra en primer plano, genera curiosidad saber cómo ve la situación del país actualmente, ¿creerá en la paz?, ¿cómo verá el panorama actualmente? Él responde:

Aunque existe un estigma sobre los militares y más si fueron los que combatieron contra los grupos subversivos, Esteban y seguramente muchos más, desean que no haya más violencia, que las heridas del alma sanen y llevan consigo un mensaje de esperanza. Este es el de Esteban: “En cuestión de segundos se pueden perder muchas vidas humanas. Los daños materiales son lo de menos, pero las vidas no se pueden recuperar y peor aún si quedan heridos o con traumas físicos. Aunque al final las heridas físicas sanan, pero las del alma quedan”.

Foto: Melissa Arciniegas

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