Conflicto político, social y armado en Colombia, más que números

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“La guerra colombiana es una guerra que cuenta, pero no se cuenta.” Germán Rey, psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia

Colombia ha vivido la guerra por más de 50 años, el País ha sufrido el conflicto armado, un conflicto que ha derramado sangre inocente, ha dejado familias a la espera de sus tíos, abuelos, sobrinos, nietos, papás, mamás, hijos o primos. Con masacres, bombardeos, torturas, asesinatos a sangre fría y desapariciones, siendo que algunas de estas aun siguen sin resolverse, desembocando en episodios trágicos de muchas familias, que no han podido cerrar su duelo como deberían, que no han podido enterrar a sus seres queridos para recibir esa paz y reconciliación que tanto es añorada, superar la incertidumbre.

A esto, se suma una dura realidad, la pérdida de empatía que ha empezado a tener la sociedad colombiana ante estos hechos trágicos, que incluyen la pobreza, el hambre, el dolor y las pérdidas de vidas humanas. Nos encontramos ante un panorama de País, donde la guerra, a través del periodismo, se ha narrado a través de números y cifras. El público ha dejado de ver todos estos sucesos trágicos con la naturaleza que tienen, solo se han acostumbrado a ver y escuchar números que aumentan cada semana, como si se tratara de objetos extraviados y no de personas que tenían sus familias, sueños, metas, ilusiones y vínculos.

Marcos Herrera, periodista y profesor de Comunicación Social y periodismo de la Universidad Surcolombiana, habla acerca de la guerra narrada desde el periodismo de números y datos,

En palabras de Marcos Herrera, “la prelación del componente numérico de las cifras y estadísticas, obedece principalmente a la celeridad, respondiendo a las demandas impuestas desde el periodismo cotidiano, que opta por privilegiar la cantidad de muertos antes que escudriñar y desentrañar las distintas verdades que tienen lugar en una confrontación armada. Plantea, que el mejor periodismo de guerra se debería hacer con veracidad, compromiso con la verdad y una buena capacidad de indagación, con la habilidad de hacer preguntas, de descubrir al otro, de no imponer un relato, de explorar subjetividades y saber plegar a las vivencias del otro; de tener la capacidad de mimetizarse y explorar el periodismo más allá de enfrascarlo dentro de la inmediatez noticiosa, entender que ese actor que ha sido reducido a una cifra, tiene una historia que contar, alcanzando esto con un diálogo profundo, con una exploración que se proponga ahondar en la genealogía de la violencia, y la exploración de las causas de la situación que se está investigando y que se quiere contar. Así, un periodista debería entender todo esto a la hora de cubrir la guerra y el conflicto.” 

Julián Vanegas, psicólogo, menciona “Esta tendencia de información y comunicación a través de la matematización y estandarización del conocimiento se le debe a descartes, donde se pretende una visión objetiva, desde el número y la cifra como sinónimo de exactitud, de rigor y veracidad. Un mundo cifrado nos da la sensación de que lo podemos entender e interpretar, es un interés de dominio y control de la realidad externa tal como lo dice el reconocido filósofo y sociólogo alemán Habermas.” Lo cual, si lo aterrizamos a la forma en la que se cuenta la guerra con números, es entonces, una estandarización de las víctimas, donde se suprimen nombres propios e historias, cosa que podría obedecer a intereses políticos que nos hagan creer en las cifras de la seguridad, para hacernos sentir que todo está bien, ignorando todo un contexto detrás, de aquí se podría haber generado la idea de ejecutar un plan que hoy conocemos y mal llamamos “falsos positivos”. 

Vanegas también se refiere a la sensibilidad de las personas afectadas por conocer todos estos hechos, “a través de cifras, desde una posición cómoda en donde no queremos saber de lo subjetivo, ni de lo humano, generando una paradoja epistemológica que nos introduce en la modernidad con el “pienso luego existo”, que deriva en un “siento luego existo” descalificado, con tendencias como el no permitirse llorar ni demostrar lo humano y sensible porque aquello significa debilidad en una lógica de poder, guerra y confrontación. Todo esto obedece a la comodidad de recibir el mundo y lo que pasa con él en cifras y números, como mecanismo de autodefensa ante el hecho de escapar de cierta manera de la realidad, y no leerla como corresponde.” Vanegas afirma que recae mucha responsabilidad a los medios de información, que al tratar de responder al método de las ciencias exactas donde todo puede ser medido con exactitud a través de números, se pierden componentes cruciales propios de las ciencias sociales y humanas que es a donde pertenecen estos medios, componentes como el valor de lo cualitativo, de la caracterización, de la descripción, del fenómeno y de la vivencia.

Esta afirmación la refuerza la investigación titulada “Medios, periodismo y conflicto armado”, donde se habla que los periodistas y los medios no son los únicos agentes con capacidad temática en la esfera pública, sino que los actores del conflicto también tienen la posibilidad para definir asuntos de interés, pues son ellos quienes están en la capacidad necesaria para brindar la información necesaria para contar la guerra.

En ese sentido, la investigación “Calidad informativa y cubrimiento del conflicto”, plantea que la mayoría de la información sobre el conflicto en la prensa colombiana, se enfoca en el elemento bélico-militar y en particular, operaciones militares que llegan a conformar el 42% de las noticias tratadas en distintos periódicos, el segundo lugar lo lleva el tema del tratamiento de derechos humanos en medio de toda esta coyuntura y por último, asuntos de política interna, en donde se contemplan procesos de negociación, política de seguridad y la legislación.

Encabezados de distintos medios nacionales e internacionales en relación con el periodismo de números y el conflicto.

Carlos Arturo Monje, antropólogo y profesor de la Universidad Surcolombiana, afirma: “Es necesario que como sociedad entendamos que recibir estos relatos a través de solo cifras no es la mejor opción, pues la opinión y la percepción entorno a todos estos contextos se vuelve fría, empezamos a normalizar estos hechos, además de adherirlos a nuestra cotidianidad al ver pérdidas de vidas humanas y tragedias en general que causan dolor y muerte, como un simple número que aumenta con el tiempo sin más.”

Se hace evidente la necesidad que el modo de narrar desde el periodismo la guerra y conflicto político, social y armado cambie, pues como se ha visto, éste no debería estar para satisfacer la comodidad de quienes no quieren saber sobre este hecho. Además, que los actores de este conflicto también merecen que sus historias sean contadas, más allá de los números, las estadísticas y los resultados, es importante mostrar lo que sucede de tal forma que las personas posean un verdadero contexto de lo que pasa, con nombres propios, con aquellas historias y aquellos intereses que existen de por medio en el conflicto, y así poder tener una postura y criterio propio, desde un tono de humanidad y empatía.

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