Procesos comunitarios a través de la comunicación

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Apostarle a la paz en Colombia es un camino largo y lleno de baches. No solo se enfrenta a las crueldades del conflicto armado, la pobreza y a la falta de oportunidades, entre otras problemáticas de las comunidades más vulnerables; sino ante la indiferencia del Estado en proteger y legitimar los procesos comunitarios, así como a sus líderes sociales. 

Colombia marcada por conflictos

Históricamente Colombia ha sido fuertemente golpeada por el conflicto político social y armado, desde la época de guerra casada entre liberales y conservadores, que partió de posiciones diferentes; reflejo de la intolerancia cegadora entre unos y otros. La lucha por el poder ha transformado las dinámicas sociales y políticas que han tenido lugar en el país desde el siglo XIX. La desigualdad en la repartición de tierra, la falta de oportunidades y principalmente la carencia de espacios de participación política del pueblo colombiano, desencadenaron el uso de la violencia y la lucha armada. Una de las consecuencias de la guerra ha sido el desplazamiento forzado de las comunidades más vulnerables (campesinos, afros, indígenas), y por si fuese poco, no sólo acaba allí, sino que también han sido víctimas de la estigmatización, la pobreza y el abandono estatal.

Las comunidades que viven en lugares remotos, son quienes más se han visto afectadas debido a las condiciones a las que deben atenerse, como la crisis económica y la privatización de servicios que deberían ser derechos, como la educación, la salud y una vivienda digna. Todo esto, contribuye a la brecha de marginalización de la población cada vez más sectorizada y desligada de una construcción y desarrollo colectivo, en la que las zonas periféricas y suburbiales, son producto de un sistema excluyente e individualista.

Resiliencia de las comunidades  

Bajo la necesidad de transformar estas realidades que enfrentan, surgen los procesos comunitarios, que buscan la organización y el empoderamiento de las mismas comunidades, para mejorar sus condiciones de vida, partiendo del supuesto de que toda realidad es mejorable. El trabajo social de diferentes organizaciones sin ánimo de lucro, es una muestra de resiliencia del pueblo colombiano, que le apuesta al cambio, a una cultura de paz y a el desarrollo social. Sin embargo, estos procesos comunitarios no tienen un camino libre, sino un camino lleno de tortuosas barreras que condicionan los procesos locales. Barreras físicas sociales, culturales, económicas, entre otras. Que terminan por afectar en ocasiones la continuidad de los procesos, según el artículo Espacio, territorio y procesos comunitarios, de Marco Marchioni, para la revista Espacios Transnacionales. A pesar de las dificultades que se presentan, el reconocimiento y respaldo de las comunidades, mantienen vigentes los procesos de los que hacen participe. 

En el Huila, un departamento que ha sido escenario del conflicto armado, político y social, la violencia ha sembrado temor y ocasionado cicatrices profundas. No obstante, iniciativas que le apuestan a la organización de las comunidades que hacen uso de la comunicación como su principal estrategia de trabajo conjunto con las comunidades;  incluso hoy por hoy bajo un panorama no tan alentador, atravesado por una pandemia que complica aún más las actividades. Tal es el caso de: Mesa del Suroccidente por la defensa del territorio, la vida y la construcción de paz, con el proceso de “Jóvenes Al Aire”,  en donde el docente Luis Ernesto Minú, nos comenta del proceso establecido en Nátaga.

En un proceso comunitario, los espacios de encuentro en la comunidad son vitales para la participación y el acercamiento de las mismas comunidades, en donde se fortalecen vínculos y mecanismos de escucha comunitarias, que ayudan a reconocer esas problemáticas de los grupos, a partir de sus percepciones y necesidades. Algunos procesos comunitarios le apuestan a la construcción de poder popular, fortaleciendo diferentes ejes temáticos como: Medio Ambiente, Derechos Humanos, Política, Juventud, Género, Territorio y Territorialidad, entre otros. Necesarios  para brindar herramientas bases a la comunidad para empezar a tomar acción para intervenir esas problemáticas de fondo.

Proceso social y comunitario “Jóvenes al Aire” de Nátaga 

Esto mismo, es a lo que le apuesta la Red Proyecto Sur, que se crea en su momento a partir de un grupo de estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana, con la motivación de compartir todos esos conocimientos aprendidos desde las aulas de clase y llevarlas hacia las comunidades. En este caso, la Red está articulada con la comunidad del asentamiento Brisas del Venado, que desde el 2009 se apropió del espacio ubicado en la comuna 9 de Neiva. En el asentamiento se establecieron familias desterradas por el conflicto armado, provenientes de diferentes municipios del Huila, así como de departamentos aledaños como: Tolima, Caquetá y  Putumayo. Niyireth Cruz, una de las lideresas de este proyecto, nos comenta cómo inicio el proyecto y en qué consiste.

Proceso comunitario “Red Proyecto Sur” de Neiva 

Los jóvenes, resultan ser los principales actores de los procesos sociales y comunitarios, pues en ocasiones los adultos se muestran apáticos o incrédulos, debido al temor que sienten a contar sus experiencias y  a expresarse abiertamente, sobre todo para aquellos que han tenido que atravesar una situación difícil.  Establecer una comunicación asertiva con la comunidad y sus protagonistas, es una de las principales metas de estos procesos. Leidy Tatiana Puentes, una joven del asentamiento Brisas del Venado, nos comenta su experiencia como facilitadora de la Red Proyecto Sur.

¿Por qué son importantes los procesos comunitarios en Colombia?

Angélica Cachaya, Comunicadora Social y Periodista, Magíster en Educación y Cultura de Paz; nos brinda una reflexión de la importancia que tienen estos procesos en un país como Colombia, desde sus experiencia trabajando con procesos que construyen paz en el territorio. “Los procesos comunitarios permiten anclar las dinámicas del territorio, reconocer puntualmente sectores, comunidades, actores sociales. Nos permiten estar recordando nuestra identidad; así mismo, considero que estos nos permiten recordar que somos seres humanos que siempre estamos en relación con el otro, y nos permiten hacer esa pugna con esa idea de la globalización y la individualización”. 

Mientras las comunidades tengan claro lo que quieren lograr y se organicen en favor de ello, se podrá construir la paz, una paz que no solo consiga un proceso, sino que por el contrario la unión de todos y cada uno de ellos, este a favor del cambio. No obstante, el gobierno debe velar por la seguridad de estos procesos, así como incentivar la participación de las comunidades. Sin embargo, la realidad suele ser muy diferente, pues para el 18 de enero del 2021, 11 lideres sociales habían sido asesinados en nuestro país, según Indepaz (instituto de estudios para el desarrollo y la paz), casi un líder social por día. Los procesos sociales y comunitarios, se ven amenazados constantemente por grupos armados, bandas criminales, terratenientes que tienen intereses políticos y económicos sobre los territorios que ocupan ciertas comunidades, y cuyo camino se ve entorpecido por la organización y el empoderamiento de las mismas. Basados en los análisis de la Organización International Crisis Group, una organización independiente que trabaja para prevenir guerras y diseñar políticas que construyan un mundo más pacífico. Afirman en su reporte que lleva como nombre Líderes bajo fuego: defendiendo la paz en Colombia; que los líderes sociales en Colombia enfrentan una creciente ola de ataques en su lucha por los derechos de las comunidades afectadas por el conflicto. La violencia contra los líderes y activistas sociales ha aumentado a pesar de los compromisos establecidos en el acuerdo de paz de 2016. El COVID-19 ha exacerbado la inseguridad para estos líderes, ya que grupos armados han explotado las restricciones a la movilidad para consolidar su control. Esto a su vez, deja en evidencia las graves deficiencias del Estado para proteger a las comunidades y a sus líderes sociales. 

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